
miércoles, 29 de septiembre de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
jueves, 15 de abril de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
`¡Los necesitamos!`

Benedicto XVI a los jóvenes-
En este mensaje el Papa asegura a los jóvenes la importancia de sus elecciones vitales, de cara a la sociedad del futuro, y les invita a “mantener la esperanza”: “Los necesitamos”, reconoce.
Ante esto, “se puede tener la impresión de ser impotentes ante las crisis y a sus consecuencias actuales”, pero el papa invita a los jóvenes a no ceder al desánimo: “¡A pesar de las dificultades, no os dejéis desanimar y no renunciéis a vuestros sueños!”.
Al contrario, insiste, “el futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza”. “¡Si quieren, el futuro está en sus manos, porque los dones y las riquezas que el Señor ha puesto en el corazón de cada uno de vosotros, plasmados por el encuentro con Cristo, pueden traer auténtica esperanza al mundo!”, afirma el Papa. “Es la fe en su amor la que, haciéndose fuertes y generosos, se darán el valor de afrontar con serenidad el camino de la vida y a asumir responsabilidades familiares y profesionales”, añade.
Desafíos actuales
El papa recuerda a los jóvenes algunos de los “grandes desafíos actuales”, que “son urgentes y esenciales para la vida en este mundo”, y que ya citó en su encíclica Caritas in Veritate. Estos son, explica, “el uso de los recursos de la tierra y el respeto de la ecología, la justa división de los bienes y el control de los mecanismos financieros, la solidaridad con los países pobres en el ámbito de la familia humana, la lucha contra el hambre en el mundo, la promoción de la dignidad del trabajo humano, el servicio a la cultura de la vida, la construcción de la paz entre los pueblos, el diálogo interreligioso, el buen uso de los medios de comunicación social”. “Son desafíos a los que estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son desafíos que requieren un proyecto de visa exigente y apasionante, en el que poner toda vuestra riqueza según el designio que Dios tiene sobre cada uno de vosotros”.
Pero, puntualiza, “no se trata de realizar gestos heroicos ni extraordinarios, sino de actuar haciendo fructificar los propios talentos y las propias responsabilidades, empeñándose en progresar constantemente en la fe y en el amor”.
“Cristo llama a cada uno de vosotros a comprometeros con Él y a asumir las propias responsabilidades para construir la civilización del amor. Si seguís su Palabra, también vuestro camino se iluminará y os conducirá a metas altas, que dan alegría y sentido pleno a la vida”, concluye.
miércoles, 3 de febrero de 2010
¿Sexo o género?

Sustituír en nuestro vocabulario el término "sexo" por "género" no es una ingenuidad de los vaivenes del lenguaje. Es, más bien, una seria amenaza para nuestra sociedad.
sábado, 23 de enero de 2010
¿Que es peor para un joven?
lunes, 4 de enero de 2010
¿Qué pinta Dios en tu vida?

Pero, ¿y Dios? Qué pinta en todo esto?
martes, 29 de diciembre de 2009
Hablemos

antes de que sea ido
lo que pudo ser humano
Antes de que sea en vano
llorar un día perdido,
un surco sin nuestro grano,
un canto sin nuestro oído,
un remo sin nuestra mano.
hablemos de la tarea
de neustra capacidad
que es hacer que el Tiempo sea,
todo él, eternidad.
P. Casaldáliga
sábado, 19 de diciembre de 2009
Mientras haya soñadores
viernes, 4 de diciembre de 2009

El precepto de dar culto a Dios
La obligatoriedad y gravedad del mandamiento tiene su origen en el mismo Dios que, cuando creó el mundo en seis días, descansó el séptimo día y lo santificó (cfr. Génesis II, 2-3). No ha sido, pues la Iglesia quien nos ha impuesto la obligación de dar culto a Dios. Lo único que hace es concretar para todos los católicos de qué modo y cuándo hemos de darle culto. Para ello promulga unas leyes apoyándose en serias y rigurosas razones que, en el caso de la asistencia a la Misa dominical, son las que brevemente veremos a continuación.
¿Por qué la Misa?
Muchos son los que estarían dispuestos a cambiar la asistencia al Sacrificio del altar por otra obra piadosa que ellos “sintiesen” más. ¿Por qué –se preguntan- hemos de dar culto a Dios a través de la asistencia a la Misa? La respuesta es doble:
a) La Santa Misa es la renovación incruenta (sin derramamiento de sangre) del Sacrificio de Jesucristo en el Calvario. Por tanto, supera con creces cualquier obra buena que nosotros podamos hacer aun en el caso de que esa obra la hagamos poniendo un gran sentimiento, o represente mucho para nosotros. Una sola Misa vale mucho más –da más gloria a Dios- que todas las oraciones juntas de todos los santos de la historia incluida la Virgen. La razón es que la Sagrada Eucaristía es una acción de Jesucristo y, como Jesucristo es Dios, es una acción divina.
b) Además, cuando Jesucristo instituyó la Eucaristía en la Ultima Cena con sus apóstoles, les dice, mandándoles: “Haced esto en memoria mía” (Lucas XXII, 19)
¿Por qué el domingo?
Las razones de por qué es el domingo el día que tenemos obligación de asistir a la misa pueden resumirse en estas dos:
a) El séptimo día de la semana Dios descansó y lo santificó (cfr. Génesis, II, 2-3). Descanso en el trabajo y culto a Dios son dos actividades que siempre se han dado juntas. Quedarse con el descanso-diversión del domingo olvidando por completo el descanso-culto a Dios es quitar algo que Dios ha puesto en la vida de los hombres desde la Creación.
b) Jesucristo resucitó “el primer día de la semana”, es decir, el domingo. El origen del domingo cristiano (dies Domini= día del Señor) está en la Resurrección del Señor, hecho histórico del que se parte y alrededor del cual gira toda la vida cristiana desde los primeros momentos.
La Santa Misa es el centro de la vida cristiana
El Concilio Vaticano II nos enseña que la Santa Misa debe ser el centro y la raíz de la vida cristiana. Efectivamente, cuando tenemos una necesidad urgente pedimos al sacerdote que rece en la Misa; cuando queremos dar gracias a Dios por algo que nos ha salido bien, asistimos a ella porque nos consideramos en deuda con El; cuando fallece un familiar, nuestra piedad nos impulsa a “encargar” una Misa al sacerdote.
La Santa Misa es mucho más que una obligación. Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿por qué, entonces, la asistencia a Misa obliga bajo pena de pecado grave? En un principio no hacía falta esta obligación, ya que todos los cristianos acudían conscientes de importancia. Pero sucede que los hombres nos acostumbramos a las cosas buenas y con frecuencia caemos en la rutina, en la dejadez y el olvido. Por eso la Iglesia, para ayudarnos a superar esas naturales inclinaciones nos puso este mandamiento: Oír misa entera los domingos y fiestas de precepto.
“El primer mandamiento (oír misa entera los domingos y fiestas de precepto) exige a los fieles participar en la celebración eucarística, en la que se reúne la comunidad cristiana, el día en que conmemora la Resurrección del Señor, y en aquellas principales fiestas litúrgicas que conmemoran los misterios del Señor, la Virgen María y los santos” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2042). Esta asistencia tiene lugar el domingo y el día festivo, o la víspera por la tarde, normalmente en la parroquia.
La asistencia a Misa constituye obligación grave
El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “la Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, cuidado de niños pequeños) o dispensados por su pastor propio. Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave” (nº 2181).
El Papa Juan Pablo II nos decía en una ocasión: “La Misa festiva es la base de todo, y debo pediros que no la omitáis, que seáis asiduos a ella, que, cada domingo y cada fiesta, os sintáis invitados por el Señor para encontrarlo juntos, en torno a la doble mesa de la Palabra y del Cuerpo de Cristo” (Homilía, 10-III-1985).
Puntos de reflexión
Los siguientes puntos pueden servir como estímulo para no faltar nunca a la Misa dominical y festiva. Un consejo: cuando veas que te cuesta asistir a la Eucaristía, lee despacio estos puntos, procurando meditar su significado.
¨ En la Santa Misa Jesucristo se ofrece por mí. Estar presente en ese momento es una manifestación de agradecimiento a Dios. Los cristianos no vamos a Misa porque tengamos ganas, porque nos divierta o nos guste, sino para devolver algo de agradecimiento a Jesús por el inmenso amor que nos mostró muriendo para salvarnos.
¨ Cuando asisto a la Misa -y procuro participar en ella- no he de olvidar lo que gano –o lo que me pierdo cuando falto-, entre otras cosas: la gracia (la fuerza espiritual) que Dios me concede; la oportunidad de recibir el Cuerpo de Cristo (siempre y cuando no esté en pecado mortal); la formación que recibo, al oír la Palabra de Dios y su explicación en la homilía.
¨ Tengo claro el mandamiento de “Amarás a Dios sobre todas las cosas”. Pero, cuando no cumplo el precepto dominical, ¿no será que amo, que tengo más cariño a otras cosas (deporte, diversión, una moto, un perro,... o lo que pueda ponerse en lugar de Dios) que a Dios mismo?
¨ “En la Misa no se está; se participa. La misa no es de otros; es mía. La misa no es algo más; es el centro. En la misa no todo es visible; hay muchas cosas que no se ven. La misa no es un capricho; es una necesidad. La misa no es un aburrimiento; es apasionante. La misa exige interioridad” (J. P. Manglano, La Misa. Antes y después).
¨ Si no encuentro muchos motivos para asistir a Misa, posiblemente será porque todavía no conozco bien qué sucede cada vez que un sacerdote celebra la Eucaristía. Procuraré enterarme bien de qué es la Misa.
¨ “Es tanto el Amor de Dios por sus criaturas, y habría de ser tanta nuestra correspondencia que, al decir la Santa Misa, deberían pararse los relojes” (San Josemaría Escrivá, Forja, n. 436).
Fernando Arévalo
jueves, 26 de noviembre de 2009

Huérfano a los tres años, Francisco crece en un clima de división y guerras, en su propia morada sujeta a la tiranía moral y material, de parte del lado navarro como del castellano. Cuando a los 18 años se firma un convenio de paz, Francisco elige entonces su futuro, continúa sus estudios de humanidad en la famosa universidad de Sorbona en París.
Martmartu 1534: en compañía de siete compañeros, Francisco pronuncia sus votos de pobreza, castidad y peregrinación a Tierra Santa, según unos preceptos estrictos de Ignacio de Loyola.
Así comenzó la "Compañía de Jesús" aprobada por el Papa. El 24 de junio fueron ordenados sacerdotes, pero la guerra de Venecia y los Turcos hizo imposible la realización del deseo de estos apóstoles de ir a Tierra Santa.
Así el 7 de abril de 1531, Francisco parte para las lejanas tierras de la India junto con uno de sus compañeros, Llegados a Goa, se ven confrontados a miles de males entre ellos, la peste. Francisco se dedica a dar confianza y a descubrir a todos el amor de Dios, a curar y hasta hacer milagros.
En estos tiempos sedientos de conquistas y de poder, Francisco abrió los ojos, los brazos, y por sobre todo los espíritus, de todos aquellos que recibieron su mensaje evangélico. Su corazón, madurado por 11 años vividos en el oriente, acepta y recibe entonces toda diferencia de cultos, de razas, de civilización, sembrando por donde Dios lo manda, la Buena Noticia del Amor.
El Santo de la amistad, del compartir, de la apertura a los demás, fue canonizado el 12 de marzo de 1622, ya declarado patrón de las misiones. Su fiesta se celebra el 3 de diciembre.
lunes, 5 de octubre de 2009
jueves, 24 de septiembre de 2009
Encuesta sobre percepción de situación ambiental

La implementó el Área de Medio Ambiente de la Red Federal de Laicos y permite señalar los problemas percibidos o comprobados de forma fehaciente que afectan de manera concreta en el lugar de residencia.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
miércoles, 9 de septiembre de 2009
cigarrillo

lunes, 17 de agosto de 2009
“El compartir radica en la naturaleza misma del cristiano. Lo suficiente se define por la necesidad de aquellas cosas sin las que no es posible vivir. Nada pretende quitarte el sustento necesario; pero estoy hablando de sustento no de deleites; estoy hablando de vestirse no del lujo en el vestir. O por mejor decir, si miramos las cosas hasta el fondo, el mayor placer está en la sobriedad. Lo que hace al hombre rico no es el mucho tener, sino el no necesitar de mucho”.
“No nos contentemos con traer dinero a la Iglesia, sino miremos si procede de un justo trabajo”.
“No hablo así porque la riqueza sea un pecado. El pecado está en usar mal de ella no repartiéndola entre los pobres. Dios no ha hecho nada malo. Todo es bueno y muy bueno. También las riquezas a condición de que no dominen a quienes la poseen y remedien la pobreza... no es verdadera riqueza la que no destierra la pobreza sino que la aumenta".
San Juan Crisóstomo (344-407)
viernes, 14 de agosto de 2009
Asunción de Nuestra Señora

La Virgen Santa María, es para nosotros en el misterio de su Asunción en cuerpo y alma a los cielos, motivo de alegría, esperanza y consuelo.
María Asunta, nos señala el camino
El momento de la Asunción a los cielos fue para Nuestra Señora la plenitud de su pequeñez. María es la primera mujer resucitada y que desde el cielo intercede por nosotros, peregrinos en este valle de lágrimas.
La Virgen asunta en cuerpo y alma a los cielos nos enseña el camino y el gozo del cielo. Nuestra vocación cristiana, como Santa María, la Virgen, consiste también en ayudar a todos aquellos que caminan en este mundo sin encontrar el sentido de la vida.
La fiesta de la Asunción de Nuestra Señora es la fiesta de las fiestas. El misterio de la Inmaculada Concepción es grande, porque con él se inicia el camino histórico de Nuestra Señora, la predestinada, la amada, la llena de gracia.
Es grande, también, el misterio de la Encarnación del Verbo y del “Sí” de Nuestra Señora en la Anunciación; también es grande el misterio de la maternidad divina, pero todo esto está encaminado a la pascua, como el misterio del Hijo está orientado al misterio pascual. María, vestida del sol con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas (cf Ap.12,1), es el signo de la Iglesia ya definitivamente consumada en el cielo, pero al mismo tiempo manifiesta la plenitud de la obra maravillosa que Dios ha realizado en su pequeñez.
María ha sido la Madre - Amiga en los caminos de la vida del espíritu. Cuando al teólogo alemán Karl Rahner le preguntaban por qué había decaído en algunos ambientes cristianos la devoción a la Virgen, respondió: “Muchos cristianos viven hoy de ideas, y las ideas no tienen Madre”. Por eso, los que en la vida evangélica desconocen a María, en el fondo son unos huérfanos espirituales. Les falta algo.
Muchas veces he repetido en mi vida la frase de San Jerónimo: “Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”. Es verdad, pero también en el fondo desconocer a María es desconocer en plenitud a Cristo. Ella nos lleva al mismo centro de la vida cristiana, que es Cristo.
Los jóvenes enseguida descubren que María los lleva a vivir un cristianismo con radicalidad. Descubrir a María es descubrir el camino más corto y más recto para llegar a Jesús. Es más, vivir una relación con María, es vivir una relación con Cristo, pues como decía San Maximiliano Kolbe: “María no tiene más voluntad que vivir cumpliendo la voluntad de Dios”. A esto nos lleva la verdadera devoción a María: a vivir de Cristo.
María asunta es nuestra esperanza, queridos jóvenes y adultos. Caminar en la esperanza es sentirse poseídos fuertemente por el Cristo de la Pascua. ¡Él nos grita! ¡No tengáis miedo!. Y yo os digo: No tengáis miedo a las exigencias del Señor; no tengáis miedos si experimentáis la propia debilidad. El miedo es una experiencia que tenemos todos.
El miedo y el cansancio se oponen siempre a la esperanza. Vivamos en cambio en la firmeza inquebrantable de la esperanza y animémosnos mutuamente en este camino de espera y esperanza, tal y como nos lo recuerda el Concilio Vaticano II cuando dice: “Entre tanto, la Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará en su plenitud en el siglo futuro.
Mons. Antonio Ceballos Atienza,
Obispo de Cádiz y Ceuta






