viernes, 4 de diciembre de 2009



El precepto de dar culto a Dios

Al asistir al Santo Sacrificio de la Misa cumplimos el precepto natural (que tiene todo hombre, cristiano o no) de dar culto a Dios. Para un cristiano, este precepto natural está explícitamente señalado por Dios en el tercer mandamiento del Decálogo: “Santificarás las fiestas” (Cfr. Deuteronomio V, 12).

La obligatoriedad y gravedad del mandamiento tiene su origen en el mismo Dios que, cuando creó el mundo en seis días, descansó el séptimo día y lo santificó (cfr. Génesis II, 2-3). No ha sido, pues la Iglesia quien nos ha impuesto la obligación de dar culto a Dios. Lo único que hace es concretar para todos los católicos de qué modo y cuándo hemos de darle culto. Para ello promulga unas leyes apoyándose en serias y rigurosas razones que, en el caso de la asistencia a la Misa dominical, son las que brevemente veremos a continuación.


¿Por qué la Misa?

Muchos son los que estarían dispuestos a cambiar la asistencia al Sacrificio del altar por otra obra piadosa que ellos “sintiesen” más. ¿Por qué –se preguntan- hemos de dar culto a Dios a través de la asistencia a la Misa? La respuesta es doble:

a) La Santa Misa es la renovación incruenta (sin derramamiento de sangre) del Sacrificio de Jesucristo en el Calvario. Por tanto, supera con creces cualquier obra buena que nosotros podamos hacer aun en el caso de que esa obra la hagamos poniendo un gran sentimiento, o represente mucho para nosotros. Una sola Misa vale mucho más –da más gloria a Dios- que todas las oraciones juntas de todos los santos de la historia incluida la Virgen. La razón es que la Sagrada Eucaristía es una acción de Jesucristo y, como Jesucristo es Dios, es una acción divina.

b) Además, cuando Jesucristo instituyó la Eucaristía en la Ultima Cena con sus apóstoles, les dice, mandándoles: “Haced esto en memoria mía” (Lucas XXII, 19)


¿Por qué el domingo?

Las razones de por qué es el domingo el día que tenemos obligación de asistir a la misa pueden resumirse en estas dos:

a) El séptimo día de la semana Dios descansó y lo santificó (cfr. Génesis, II, 2-3). Descanso en el trabajo y culto a Dios son dos actividades que siempre se han dado juntas. Quedarse con el descanso-diversión del domingo olvidando por completo el descanso-culto a Dios es quitar algo que Dios ha puesto en la vida de los hombres desde la Creación.

b) Jesucristo resucitó “el primer día de la semana”, es decir, el domingo. El origen del domingo cristiano (dies Domini= día del Señor) está en la Resurrección del Señor, hecho histórico del que se parte y alrededor del cual gira toda la vida cristiana desde los primeros momentos.

La Santa Misa es el centro de la vida cristiana

El Concilio Vaticano II nos enseña que la Santa Misa debe ser el centro y la raíz de la vida cristiana. Efectivamente, cuando tenemos una necesidad urgente pedimos al sacerdote que rece en la Misa; cuando queremos dar gracias a Dios por algo que nos ha salido bien, asistimos a ella porque nos consideramos en deuda con El; cuando fallece un familiar, nuestra piedad nos impulsa a “encargar” una Misa al sacerdote.

La Santa Misa es mucho más que una obligación. Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿por qué, entonces, la asistencia a Misa obliga bajo pena de pecado grave? En un principio no hacía falta esta obligación, ya que todos los cristianos acudían conscientes de importancia. Pero sucede que los hombres nos acostumbramos a las cosas buenas y con frecuencia caemos en la rutina, en la dejadez y el olvido. Por eso la Iglesia, para ayudarnos a superar esas naturales inclinaciones nos puso este mandamiento: Oír misa entera los domingos y fiestas de precepto.

“El primer mandamiento (oír misa entera los domingos y fiestas de precepto) exige a los fieles participar en la celebración eucarística, en la que se reúne la comunidad cristiana, el día en que conmemora la Resurrección del Señor, y en aquellas principales fiestas litúrgicas que conmemoran los misterios del Señor, la Virgen María y los santos” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2042). Esta asistencia tiene lugar el domingo y el día festivo, o la víspera por la tarde, normalmente en la parroquia.


La asistencia a Misa constituye obligación grave

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “la Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, cuidado de niños pequeños) o dispensados por su pastor propio. Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave” (nº 2181).

El Papa Juan Pablo II nos decía en una ocasión: “La Misa festiva es la base de todo, y debo pediros que no la omitáis, que seáis asiduos a ella, que, cada domingo y cada fiesta, os sintáis invitados por el Señor para encontrarlo juntos, en torno a la doble mesa de la Palabra y del Cuerpo de Cristo” (Homilía, 10-III-1985).

Puntos de reflexión

Los siguientes puntos pueden servir como estímulo para no faltar nunca a la Misa dominical y festiva. Un consejo: cuando veas que te cuesta asistir a la Eucaristía, lee despacio estos puntos, procurando meditar su significado.

¨ En la Santa Misa Jesucristo se ofrece por mí. Estar presente en ese momento es una manifestación de agradecimiento a Dios. Los cristianos no vamos a Misa porque tengamos ganas, porque nos divierta o nos guste, sino para devolver algo de agradecimiento a Jesús por el inmenso amor que nos mostró muriendo para salvarnos.

¨ Cuando asisto a la Misa -y procuro participar en ella- no he de olvidar lo que gano –o lo que me pierdo cuando falto-, entre otras cosas: la gracia (la fuerza espiritual) que Dios me concede; la oportunidad de recibir el Cuerpo de Cristo (siempre y cuando no esté en pecado mortal); la formación que recibo, al oír la Palabra de Dios y su explicación en la homilía.

¨ Tengo claro el mandamiento de “Amarás a Dios sobre todas las cosas”. Pero, cuando no cumplo el precepto dominical, ¿no será que amo, que tengo más cariño a otras cosas (deporte, diversión, una moto, un perro,... o lo que pueda ponerse en lugar de Dios) que a Dios mismo?

¨ “En la Misa no se está; se participa. La misa no es de otros; es mía. La misa no es algo más; es el centro. En la misa no todo es visible; hay muchas cosas que no se ven. La misa no es un capricho; es una necesidad. La misa no es un aburrimiento; es apasionante. La misa exige interioridad” (J. P. Manglano, La Misa. Antes y después).

¨ Si no encuentro muchos motivos para asistir a Misa, posiblemente será porque todavía no conozco bien qué sucede cada vez que un sacerdote celebra la Eucaristía. Procuraré enterarme bien de qué es la Misa.

¨ “Es tanto el Amor de Dios por sus criaturas, y habría de ser tanta nuestra correspondencia que, al decir la Santa Misa, deberían pararse los relojes” (San Josemaría Escrivá, Forja, n. 436).



Fernando Arévalo

jueves, 26 de noviembre de 2009


Francisco nace el 7 de abril de 1506 en el castillo de Javier, cerca de Pamplona (Navarra, España). Su padre, jurista, es entonces consejero del rey Juan de Albit, su madre pertenecía a la nobleza. Sus dos hermanos tuvieron parte activa en las guerras que marcaron la infancia de Francisco.


Huérfano a los tres años, Francisco crece en un clima de división y guerras, en su propia morada sujeta a la tiranía moral y material, de parte del lado navarro como del castellano. Cuando a los 18 años se firma un convenio de paz, Francisco elige entonces su futuro, continúa sus estudios de humanidad en la famosa universidad de Sorbona en París.


Es aquí donde, compartiendo su cuarto con Ignacio de Loyola, y después de un camino de discernimiento mutuo, Francisco es tocado muy profundamente por una frase de Ignacio de la cual no se olvidará jamás, y que determinaría desde entonces el rumbo de su vida: "¿de que sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?". Francisco elige desde ya ganar su alma y la de muchos.

Martmartu 1534: en compañía de siete compañeros, Francisco pronuncia sus votos de pobreza, castidad y peregrinación a Tierra Santa, según unos preceptos estrictos de Ignacio de Loyola.
Así comenzó la "Compañía de Jesús" aprobada por el Papa. El 24 de junio fueron ordenados sacerdotes, pero la guerra de Venecia y los Turcos hizo imposible la realización del deseo de estos apóstoles de ir a Tierra Santa.


Así el 7 de abril de 1531, Francisco parte para las lejanas tierras de la India junto con uno de sus compañeros, Llegados a Goa, se ven confrontados a miles de males entre ellos, la peste. Francisco se dedica a dar confianza y a descubrir a todos el amor de Dios, a curar y hasta hacer milagros.


Evangelizando jóvenes abre escuelas, colegios, dispensarios, bautiza sin descansar jamás aceptando por amor miles de sacrificios y llevando a todos a la oración y a la conversión.


En 1543 vuelve a Goa, y llega a Pesquerías cuando se declaró la guerra entre el reino de Comorín y el de Travancor. Enfrentándose solo a las fuertes tribus, armado íntimamente de un crucifijo en la mano y de su palabra, pone fin a la guerra milagrosamente.


En 1546, parte Francisco para Amboino, isla en la cual entra hablando y cantando en el idioma popular como si hubiese vivido siempre ahí. Desde allí emprende la visita de todas las islas de Oceanía. Después de esta larga expedición, Francisco decide volver a Goa para encontrarse con sus compañeros llegados a Europa, asignarles el campo apostólico y prepararse para llevar la fe cristiana hasta Japón. En Malaca, en el año 1547, se encontró con Magno, un japonés insatisfecho con la religión que le habían enseñado sus bonzos(sacerdotes Budistas).


Magno invitó a Francisco a ir a predicar la doctrina de Cristo a sus paisanos. En abril de 1549 emprendió el viaje hasta Japón junto con su amigo. Adoptando el estilo oriental Francisco conversaba con el pueblo mientras Magno le servía de intérprete. Después de un año en Kangoshina, en donde escribieron un catecismo, partió por Yamaguchi y luego hacia la costa, aguantando miles de pruebas y rechazos. De allí aprovechó la salida de un barco portugués para ir a visitar las misiones de la India y preparar su viaje a China.


Habiendo aportado un regalo muy rico para el rey de China, llegó a una isla desierta a 150 kilómetros de Cantón. Era a los fines de agosto de 1552. Allí Francisco espera en una total soledad y pobreza una embarcación para entrar lo más directamente posible a la China. Pero se enfermó y es aquí, a 150 kilómetros de esta tierra tan soñada de China, que entregó a Dios su alma, el 3 de diciembre.


En estos tiempos sedientos de conquistas y de poder, Francisco abrió los ojos, los brazos, y por sobre todo los espíritus, de todos aquellos que recibieron su mensaje evangélico. Su corazón, madurado por 11 años vividos en el oriente, acepta y recibe entonces toda diferencia de cultos, de razas, de civilización, sembrando por donde Dios lo manda, la Buena Noticia del Amor.


El Santo de la amistad, del compartir, de la apertura a los demás, fue canonizado el 12 de marzo de 1622, ya declarado patrón de las misiones. Su fiesta se celebra el 3 de diciembre.

lunes, 5 de octubre de 2009

jueves, 24 de septiembre de 2009

Encuesta sobre percepción de situación ambiental





La implementó el Área de Medio Ambiente de la Red Federal de Laicos y permite señalar los problemas percibidos o comprobados de forma fehaciente que afectan de manera concreta en el lugar de residencia.


Si más participamos de la encuesta los datos serán más contundentes.


Vos sabes comprometerte, jugate.


Parta hacer la encuesta debes entrar en http://www.redlaicos.org.ar/


Contale a tus amigos.

lunes, 21 de septiembre de 2009


FELIZ DÍA!


Disfrutá de tu juventud y vivila con alegría.

Se responsable...

miércoles, 16 de septiembre de 2009

X Q NO?

Te invitamos a visitar la feria de Carismas, el próximo viernes 18.
En la Parroquia.
De 10:00 a 12:00, de 14:30 a 17:00 Hs.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

cigarrillo


En la Argentina se detectan alrededor de 25.000 enfermos nuevos por año. Un alto porcentaje de los enfermos muere dentro de los 5 años luego de realizado él diagnostico. A pesar de que las posibilidades terapéuticas van mejorando, la posibilidad de cura sigue siendo escasaA mayor consumo de cigarrillos diarios, aumenta proporcionalmente el riesgo de mortalidad por cáncer de pulmón. Si consume hasta 20 cigarrillos por día, el riesgo es 15 veces mayor con respecto al no fumador y, si fuma más de 20 cigarrillos, dicho riesgo aumenta hasta 25 veces más.